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El Cuaderno de Jorge

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10 Diciembre 2006

abrimos de nuevo

¡Qué pronto se ha pasado la semanita!. Debería escribir más tarde pero al final las vacaciones por la Alta Andalucía terminaron antes por los desprecios y la incomodidad que esto provoca. Pero en fin, eso ya ha quedado atrás y solo hay que recordar los buenos momentos pues no hay que dejar que los estúpidos ocupen en nuestras mentes más sitio del debido. pese a eso, el puente ha estado muy interesante, ya os contaré como ha ido la cosa. Mientras tanto, os dejo con esta carta abierta al maestro Luis Braille que me envió Javi por correo electrónico, es un poco larga pero resume muy bien la historia de este sistema de lectoescritura y también me siento bastante identificado con la opinión del autor.

carta Abierta a Luis Braille.

por Pedro Zurita

> Querido Luis:
>
> No faltan quienes me tachan de loco por esa manía que me ha
> entrado últimamente de escribir cartas a personajes que ya habéis
> pasado a otra dimensión. Así es. En noviembre pasado, hice llegar
> una misiva a Valentín Haüy, desde París, en la que compartía con él
> los éxitos y las dificultades que los ciegos disfrutaban y padecían en
> el campo del empleo en todo el mundo. Por cierto, yo creo que te
> alegraría conocerla, y que te gustaría saber que en marzo la publicó
> una revista francesa que lleva tu nombre. Voy a buscar la fórmula de
> transmitirte una copia, vía Internet, porque seguro que tú sí que
> tienes acceso a esa red, y no te dicen, como a mí, que te conectarán
> el mes que viene.
>
> Luis, hay cosas que a veces me ponen triste, y otras que incluso me
> irritan. Personas hubo, y aún hay, que no comprenden el valor de tu
> sistema, y que están constantemente alerta para ver si sale algo que
> lo sustituya. ¡Serán estúpidos! Yo te confieso que la primera vez que
> coloqué mis dedos sobre una hoja escrita con tu código (tenía a la
> sazón 10 años), llegué a asustarme, y dentro de mí pensé que nunca
> lograría descifrar aquel caos de puntos; pero a los pocos meses de
> estar en una de esas escuelas que llaman especiales, superéesa
> barrera psicológica y empecé a leer mediante el tacto con gran
> facilidad.
>
> Es muy probable que, aunque esto no siempre se manifieste
> explícitamente, se jerarquice a las personas en función de su
> capacidad sensorial, y, como el que ve es mejor que el que ve poco,
> y el que ve poco es superior al que nada ve, siempre que haya un
> resto visual, por pequeño que sea, se recomienda al niño o adulto
> que aprenda a leer en tinta, y en muchos casos no se informa ni a él
> ni a la familia de la existencia del braille. Justo es señalar, no
> obstante, Luis, que en aquel lejano tiempo en el que yo iba a la
> escuela, a niños que veían bastante les obligaban a leer tu código con
> los dedos y, claro está, como eso no les motivaba nada, preferían
> jugar al fútbol antes que dedicarse a estudiar.
>
> Cuando a principios de los setenta apareció un aparato al que aún
> llaman Optacón (¿de veras, Luis, era una cosa revolucionaria?), leí en
> muchas partes que había llegado el fin del braille. ¿Por qué tanta
> animadversión, Luis? ¿Acaso leer con los dedos tiene algo de
> obsceno.? Bien sé que tú, tras discutir horas y horas con Charles
> Barbier, te decidiste porque las combinaciones de seis puntos eran la
> mejor opción para la percepción táctil. Es evidente que tú eras muy
> consciente de que el punto se adaptaba al tacto mejor que la línea.
> Al presentar tu idea a la dirección de tu Instituto, a los profesores
> videntes tu hallazgo no les gustó.Pensaban que, por esa vía, los
> ciegos a lo único que podrían aspirar sería a inscribirse en los
> servicios secretos. Tu código, decían ellos, constituía una indeseable
> barrera para la comunicación entre los que ven y los que no. Soy
> consciente de que tú te esforzaste mucho por persuadirles de que,
> con tu método, la lectura podría ser mucho más rápida y que,
> consecuentemente, el acceso a la información llegaría a ser mucho
> más completo. Pero, lamentablemente, tuviste que irte de nuestro
> mundo sin la satisfacciónde que la gente entendiera lo esencial de tu
> sistema.
>
> Permíteme, Luis, que comparta contigo mi frustración, casi mi dolor,
> por el hecho de que, en un traslado de pertenencias de mi casa
> paterna, alguien utilizara como pasto de las llamas mis libros
> escolares, los que estudié bajo el dictado de mi padre, maestro,
> algunos cuidadores de mi escuela, o que, simplemente, copié yo
> mismo a partir de materiales que encontraba en los sitios más
> insospechados. Cuántas horas robé en aquellos años de mi tierna
> adolescencia al tiempo que, naturalmente, hubiera debido dedicar al
> ocio o a las comidas colectivas, para confeccionar, a fuerza de regleta
> y punzón, mi propia biblioteca infantil. Y ¿sabes, Luis, qué me
> respondieron cuando inquirí por qué habían hecho aquello.? "Porque
> ocupaban mucho sitio".
>
> Y una cosa semejante me sucedió, tras las vacaciones del verano
> europeo, al regresar a mi residencia universitaria: todos mis
> volúmenes braille habían desaparecido. Al descubrir al autor de
> tamaña fechoría, arguyó: "Es que eran tan grandes y tan feos.". Y,
> puesto que aludimos a la estética, que les pregunten (dicho sea de
> paso) a los amigos de la FBU de Montevideo si un libro braille puede o
> no puede ser bonito.
>
> Declaro solemnemente, Luis, que tu sistema es completamente
> inocente del atentado al sentido común que supuso el que más de
> una persona me aconsejara que no leyera en braille en el autobús, en
> el tren o en el avión, porque eso llamaba demasiado la atención, y
> generaba una imagen negativa de mí.
>
> Y, Luis, me gustaría que percibieras bien qué rebeldía interior
> experimenté cuando, en el año 90, descubrí en Mongolia a un ciego,
> una matemático que gozaba de un gran prestigio científico en aquel
> país, que había perdido la vista a los 30 años y había encontrado
> ciertas condiciones favorables para dedicarse a la docencia
> universitaria. Cuánto me dolía, Luis, escucharle su relato de las horas
> que pasaba con un magnetófono memorizando reflexiones,
> conclusiones, fórmulas matemáticas. Le habían dicho, Luis, en su
> momento, que el braille de nada le iba a servir. E, incluso, el viernes
> pasado, en el Líbano, un alto dignatario del Gobierno exhibía con
> orgullo en persona y por teléfono, a las personas ciegas que, gracias
> a su sensibilidad, habían encontrado ocupación en oficinas
> gubernamentales. ¡Qué pena, sin embargo, Luis, que la única
> persona que conocí directamente, fruto de los éxitos conseguidos en
> aquel lote de buenas intenciones, con quien tuve la oportunidad de
> hablar personalmente, respondiera negativamente a mi interrogante
> de si había aprendido braille! Y, quizá, Luis, baste ya de darte la lata
> con este tormento de injusticias cometidas contra tu sistema
> maravilloso, que -estoy dispuesto a admitirlo- en la mayoría de los
> casos, fueron muy probablemente generadas por la pura y simple
> ignorancia, o, incluso, en ocasiones, en nombre de la buena fe.
>
> Afortunadamente, vista la situación desde el aquí y el ahora, esa
> genial herramienta liberadora que tú nos legaste tiene también una
> historia alentadoramente luminosa, y los que la valoran, la entienden,
> incluso la aman, son hoy legión, y entre ellos, Luis, sin duda alguna
> están todos los que en este momento tienen la paciencia de escuchar
> esta carta, que con tanto cariño desde Montevideo te hago llegar. Tu
> sistema -¿lo llamamos por tu apellido, el braille?- se enseña en los
> Estados Unidos, cada vez más en los últimos meses, porque, aun a
> pesar de la obstinación de algunos, otros lucharon porque en las
> leyes de muchos estados de la Unión se plasmara el principio de que
> quien lo quiera debe conocerlo como un derecho humano más.
>
> Tu braille se produce a costes inimaginablemente inferiores y en
> cantidades espectacularmente superiores en relación con lo que
> sucedía hace poco tiempo. Y eso es así, Luis, porque muchos, ciegos
> y videntes, creyeron que valía la pena consagrar imaginación e
> inteligencia a buscar fórmulas que hiciesen posible aplicar a su
> producción los descubrimientos de la informática y de la electrónica.
> De veras, Luis, la tecnología no está haciendo superfluo tu código,
> tan extraordinariamente sencillo, sino que está potenciando sus
> posibilidades. Para mí y para otros muchos ya no es una utopía
> consultar, a través de él, voluminosos diccionarios y enciclopedias,
> utilizando CD-ROM y otros mecanismos de acceso
> electrónico.Tampoco tengo ya que preocuparme de la viabilidad de
> hacer mi biblioteca personal, que, en realidad, será mi biblioteca
> braille, pues el problema del almacenamiento ahora es obviable
> merced a los sistemas de memorización electrónica.
>
> Y quisiera, Luis, que tuvieras la indulgencia de seguir prestándome
> atención para que te enteraras de algunas anécdotas que reflejan
> actitudes diametralmente opuestas a las que figuraban en la parte
> inicial de mi carta. Me refiero a lo que me sucedió con aquel profesor
> de semántica que, cuando en 1971 hacía un curso de verano en
> Cambridge (Inglaterra), al enterarse de que yo iba a estar entre sus
> alumnos, se le ocurrió, ni más ni menos, que el loable ingenio y la
> ingenuidad de tener preparados, para el inicio del correspondiente
> taller, todos los diagramas con un relieve que él había conseguido
> producir con un bolígrafo. No faltaban, incluso, Luis, las letras
> correspondientes, hechas precisamente con tu código, basándose en
> un alfabeto que alguien me había pedido misteriosamente sin yo
> saber para qué.
>
> El caso de aquella señorita del aeropuerto de Tokio, en diciembre
> pasado, que, mientras intentaba resolver los problemas prácticos
> relacionados con el abordaje del avión que habría de llevarme a
> España de regreso, con indisimulada alegría me dijo: "Señor, aquí
> tiene las hojas que se olvidó en el avión hace una semana". Y piensa,
> Luis, que mi intención había sido que el destino las llevará a la
> basura, porque yo ya no las necesitaba. Gracias a los medios
> modernos puedo, Luis, hacer eso con frecuencia.
>
> O esa señora que, a cargo de un servicio de comida a domicilio que,
> hace tan sólo muy pocos días, se interesaba por averiguar si me las
> arreglaba bien para distinguir la enorme variedad de platos que
> componían el almuerzo dietético que con ellos había contratado. "No
> demasiado bien": (Y te ahorro, Luis, los detalles del incidente en que
> incurrí, pues me fallaron mis habilidades olfativas de reconocimiento).
> ¡Qué hermoso constatar la reacción que ella tuvo! "Voy a ver qué
> puedo hacer". La próxima vez los recipientes venían con pegatinas
> mediante las cuales ella hizo una convención para que un redondel
> fuera el postre, una cruz el plato principal, y una raya el aperitivo. Lo
> malo era que quiso ir tan lejos que también puso en su concepto de
> escritura en relieve los nombres de cada cosaY, entusiasmada, volvió
> a ponerse en contacto conmigo para evaluar el resultado de su
> intento integrador. Ante tamaña positividad, me atreví a proponerle
> que inmediatamente le enviaba tarjetas adhesivas para escribir
> braille con un punzón y una pequeña regleta, en cuyo dorso figuran
> visualmente las letras de tu alfabeto, y el reto no le asustó en modo
> alguno. A partir de entonces, sin ningún error, todo viene etiquetado
> en tu sistema. De esa forma, ya puedo distinguir sin dificultad la
> salsa de ensalada de la carne. Qué alegría, Luis, haber conseguido
> transformar su inicial actitud benefactora, tipo Valentín Haüy, en otra
> mucho más emancipadora, que es, en realidad y precisamente, Luis,
> la que tu sistema posibilita.

> Estoy seguro, Luis, de que vas a creerme si te digo que yo no quiero,
> de ninguna manera, ser ni excepcional ni privilegiado; que anhelo de
> verdad que todos esos niños y adultos que aún me encuentro en
> Asia, en África, en América Latina, dedicando un esfuerzo y un tiempo
> preciosos a copiar a mano los libros que otros podrían producirles,
> tengan acceso a las herramientas y materiales básicos que hoy ya
> existen. No dudo, Luis, de que me apoyarás en la petición que
> formulo a un tal David Blyth, que me han dicho representa a los
> ciegos de todo el mundo, y a una señorita muy elocuente e
> inteligente, llamada Norma Toucedo, a la que, según me he enterado,
> han encomendado que promueva la mejora de oportunidades de
> alfabetización, para que, uno y otra, hagan cuanto esté en su mano
> para que mi ferviente deseo no quede en un sueño quimérico.

> Y, ¿sabes qué te digo, Luis? Que, desde hace bastante tiempo, me
> importa un comino lo que algunos piensen de mi imagen. Exhibo con
> orgullo tu invento en cualquier parte. Leo material escrito como tú
> diseñaste, de pie, tumbado, sentado., como sea. Y en mi bolsillo
> nunca falta esa regletita que puse a disposición de la señora de mis
> postres y alimentos. Y es que tu código, Luis, a muchísimas personas
> ciegas y a mí también, por supuesto, nos ha otorgado dignidad,
> libertad, autonomía y muchas horas de incomparable disfrute
> espiritual.

> Te prometo solemnemente serte fiel, aunque sé que, al fin y al cabo,
> sea por el camino que fuere, en una u otra forma, si alguien algún día
> encuentra algo que supere el sistema que tú propusiste al mundo en
> 1825, tú, yo y todos nosotros nos alegraremos sobremanera.

> Tuyo afectísimo,

> Pedro Zurita

> Montevideo, 27 de marzo de 1996.

servido por jorge 5 comentarios compártelo

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

oskdark

oskdark dijo

deveras crees que alguien se va a tomar el tiempo de leer todo eso que escribiste, para nada yo no lo lei, solo estoy de pasada promocionando mi blog, ese si esta bien chido la neta y no es porque sea mio, visitame www.espacioblog.com/oskdark

10 Diciembre 2006 | 08:43 AM

Flipi

Flipi dijo

tal vez tú no lo leíste pero a algunas personas nos ha parecido realmente interesante, de todos modos lo que es seguro que tu blog no lo vamos a leer algunos porque en modo alguno resultará tan interesante

10 Diciembre 2006 | 08:30 PM

jorge

jorge dijo

Cierto es, un poco largo. Estaba poniendo el archivo y lo pensé pero creo que merece la pena. Para gustos los colores ¡y ya se sabe que nunca te acostarás sin saber algo más!.
En fin amigo, aunque solo hallas escrito para promocionar gracias por tomarte la molestia

10 Diciembre 2006 | 10:14 PM

dragon

dragon dijo

Libro 36 ESTRATEGIAS CHINAS. Puede bajarlo desde
http://www.personal.able.es/cm.perez/36_estrategias_chinas.pdf

Describe estratagemas como "moverse sin ser visto en el mar a plena luz del día", "matar con una espada prestada" o "crear algo a partir de la nada". Cuando usted domine estas 36 estrategias, estará preparado para encontrar soluciones a cualquier tipo de problema y será capaz de adaptarse a toda clase de circunstancias.

Para mas información:
http://www.personal.able.es/cm.perez/

14 Diciembre 2006 | 04:05 PM

jorge

jorge dijo

¿Y ezo que é lo que é quiyo?

14 Diciembre 2006 | 07:14 PM

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Estudiante de periodismo, 23 años, apasionado de los medios de Comunicación especialmente la radio y bético desde chiquetito.

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