Una reflexión del autor de este blog sobre la pena de muerte

El pasado Lunes mientras cenaba, veía como los telediarios habían vuelto a sacar el caso de los marqueses de Urquijo, asesinados el 1 de Agosto de 1980 en su domicilio del barrio madrileño de Somosagua.
Mientras veía la noticia de aquél brutal asesinato de hace ya 26 años, recordé el argumento de una gran novela del escritor americano Truman Capote; ‘A sangre Fría”,publicada en 1966 y basada en hechos reales.

Los marqueses, dormían en habitaciones separadas. Primero, dispararon al marqués y a continuación a su esposa. Al día siguiente, los periódicos coincidían en lo mismo: “el asesinato en serie fue perpetrado por un profesional”. Tres meses después, la policía detuvo a Rafael Escobedo, ex marido de Myriam de la sierra, hija de los marqueses. Tras Escobedo cayeron sus amigos Javier Anastasio, (actualmente en paradero desconocido) y Mauricio López Robert, condenado por encubridor.

En este caso hubo muchos sospechosos, incluso se llegó a pensar en los hijos de los nobles, herederos de una suculenta fortuna y en el administrador, quién lavó los cadáveres antes de que llegara el juez. El culpable ingresó en prisión y estuvo en silencio la mayor parte de la condena, llegó a decir que lo habían manipulado pero no dijo quién. Escobedo, se suicidó amarrando una sábana a los barrotes de su celda el 27 de Julio de 1988. Este caso ha prescrito y sigue sin resolverse por completo.

¿Habría ocurrido lo mismo en Estados Unidos?. El caso de la novela de Capote, es parecido al anterior: una familia rica cuyo matrimonio dormía en habitaciones separadas. Aquí fueron cuatro, el matrimonio Clutter y sus dos hijos.

Los asesinos, huyeron pensando que no habían dejado pruebas. Tras una ardua y compleja investigación, fueron detenidos un año después y condenados a la horca. Hasta la ejecución los asesinos permanecieron cuatro años en la cárcel.

¿Tendríamos que haber hecho lo mismo con Escobedo? Después de tantas vueltas, esta historia me lleva a lo que siempre creo; la pena de muerte es una atrocidad, pues nadie tiene derecho sobre la vida de nadie como reza en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Pero esto, aún en 2007 y en países como Estados Unidos, nación que presume de ser indispensable para las demás no lo tienen tan claro. Siguen muriendo gente víctima de la silla eléctrica, la cámara de gas o la inyección letal. Los ejecutados, sobretodo son menores o discapacitados ya sea físicos o psíquicos. Y uno de los mayores ejecutantes de estas sentencias ha sido George W Bush, actual presidente de los Estados Unidos.

El 30 de Diciembre de 2006 murió ahorcado por iraquíes Sadam Husseim, uno de los mayores criminales de nuestra historia. La muerte del dictador está muy relacionada con la política de los Estados Unidos de Norteamérica pues todos sabemos muy bien los que gobiernan en iraq gracias a quién están y todo por unas armas que nunca se han encontrado. ¿Si Bush no hubiera sido presidente de los Estados unidos: ¿estaríamos hablando de la Guerra de Iraq?, habrían ahorcado a Sadam y sobretodo, lo habría permitido la ONU.
En definitiva, tras mucho divagar llegamos a la conclusión de que todo son casualidades.