Que me gusta ir al cine, cada vez más, como sentarme a disfrutar de un buen libro. Acabo de llegar de ver la película mataharis, dirigida por Icíar Gollaín (te doy mis ojos) y no tiene ningún desperdicio.
Uno sólo puede lamentarse de que “Mataharis” no haya figurado en el palmarés final del recién finalizado Festival de San Sebastián. Porque, sinceramente,
nos encontramos ante una de las mejores películas españolas, si acaso no la mejor, estrenadas en lo que llevamos de año, la más lograda en la filmografía
de una directora que da pasos agigantados hacia la madurez cinematográfica, un título que consigue lo más difícil para cualquier cinta: levantar una pátina
de verdad que inunda al espectador desde la primera escena, de tal manera que cualquier apariencia de ficción se disuelve a lo largo de la hora y media
de su metraje.
Os dejo con la ficha de la película y una muy buena crítica que encontré por la red.
Dirección: Icíar Bollaín.
País: España.
Año: 2007.
Duración: 95 min.
Género: Drama.
Interpretación: Najwa Nimri (Eva), Tristán Ulloa (Iñaki), María Vázquez (Inés), Diego Martín (Manuel), Nuria González (Carmen), Antonio de la Torre (Sergio),
Fernando Cayo (Valbuena), Adolfo Fernández (Alberto), Manuel Morón (Samuel), Mabel Rivera (mujer engañada).
Guión: Icíar Bollaín y Tatiana Rodríguez.
Producción: Santiago García de Leániz y Simón de Santiago.
Música: Lucio Godoy.
Fotografía: Kiko de la Rica.
Montaje: Ángel Hernández Zoido.
Dirección artística: Josune Lasa.
Vestuario: Estíbaliz Markiegui.
Estreno en España: 28 Septiembre 2007.
CRÍTICA por
Miguel A. Delgado

Uno sólo puede lamentarse de que “Mataharis” no haya figurado en el palmarés final del recién finalizado Festival de San Sebastián. Porque, sinceramente,
nos encontramos ante una de las mejores películas españolas, si acaso no la mejor, estrenadas en lo que llevamos de año, la más lograda en la filmografía
de una directora que da pasos agigantados hacia la madurez cinematográfica, un título que consigue lo más difícil para cualquier cinta: levantar una pátina
de verdad que inunda al espectador desde la primera escena, de tal manera que cualquier apariencia de ficción se disuelve a lo largo de la hora y media
de su metraje.

Y ello no sería posible sin el acierto extremo con que está cuidado cada aspecto de la película, desde un guión impecable que en ningún momento traspasa
la frontera de la verosimilitud, y que va fluyendo con la cadencia con la que suceden las cosas en la vida real; con unas localizaciones urbanas que respiran
credibilidad a cada fotograma; y por encima de todo, con unas interpretaciones simplemente prodigiosas, no ya sólo de actores de los que siempre se espera
una actuación de nivel (como Antonio de la Torre o Nuria González), sino de aquéllos de los que cabe tener más reservas pero que aquí sencillamente lo
bordan.

Efectivamente, si la interpretación de Najwa Nimri no la hace merecedora de un próximo Goya, será porque o bien se produce una injusticia, o porque de
aquí a final de año tenemos la oportunidad de ver otra tan buena que el calificativo de “excepcional” se le quede corto: la transformación (no física,
sino anímica, expresiva) que Icíar Bollaín ha conseguido de esta actriz es impresionante, hasta el punto de que casi la ha convertido en la más verdadera,
la de más carne y hueso de un reparto que tiene esa autenticidad como característica común. Y no a tanto nivel, pero sí dentro del terreno de la sorpresa,
hay que hablar de un Tristán Ulloa que, eso sí, sabe aprovechar para el personaje su habitual limitación expresiva.

Con estos mimbres, Icíar Bollaín teje una película donde la circunstancia de que sus protagonistas sean detectives es importante, pero no decisiva: de
hecho, casi podría contarse la misma historia si las actrices fueran, por ejemplo, periodistas, o trabajaran en cualquier otra cosa que exigiese escrutar
en la intimidad de las personas. Porque, en realidad, de lo que habla el film es de las pequeñas, y verdaderas, dificultades de la vida diaria, de la amenaza
de la soledad en su peor versión, la de la soledad acompañada; de los problemas de combinar la vida familiar y la laboral, de cómo el desenvolverse en
la vida puede terminar convertido en todo un listado de pequeñas traiciones a nuestros principios que, al final, nos dejan convertidos en seres desnortados
y sin nada a lo que agarrarse.

Lo bueno es que “Mataharis” habla de todo ello sin trascendencias aparentes, como sin querer. Porque son temas que laten en cada escena, en cada línea
de diálogo, en cada situación. Porque la mirada de una actriz como María Vázquez, contemplando la ciudad desde la ventana de su triste y solitario apartamento,
nos dice muchísimo sobre lo que está pasando en el interior de un personaje atrapado en una enredadera de encrucijadas en las que siempre perderá algo,
decida lo que decida. Porque la película nos habla de nosotros, incluso aunque no seamos mujeres ni madres, por más que ellas sean las destinatarias principales.
Porque todos los seres humanos que pasan por ella quieren lo mismo: querer, ser queridos, tener una razón para levantarse cada día. Y porque todo eso está
ahí, esperándonos cuando empiezan los títulos de crédito, no sería exagerado decir que nos encontramos ante una verdadera obra maestra; el tiempo lo dirá.

Calificación:

Imágenes de "Mataharis" © 2007 La Iguana y Sogecine. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. En la imagen de la crítica, extracto de una foto de Najwa
Nimri por Joan Tomás. Todos los derechos reservados.

Página principal de "Mataharis"